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Eduardo Verano de la Rosa plantea la importancia de la energía y el turismo para el desarrollo del Caribe colombiano

Foto tomada de: La República

Energía y turismo Caribe

Sector: Energía / Turismo y desarrollo regional

El gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, planteó que el Caribe colombiano debe priorizar dos sectores estratégicos para su futuro: la energía y el turismo. Según su análisis, la región representa el 28% del consumo energético nacional, mientras mantiene retos sociales profundos y proyectos eléctricos represados por más de 1.000 megavatios.

Barranquilla, agosto de 2026. La región Caribe vuelve a poner sobre la mesa una discusión clave para su desarrollo: la necesidad de contar con energía suficiente, competitiva y oportuna, al mismo tiempo que fortalece el turismo como motor de crecimiento económico.

En su columna publicada en La República, el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, señaló que los datos permiten dimensionar la importancia de estos dos sectores para el Caribe. Según el análisis, el consumo nacional de energía alcanzó los 7.300 gigavatios/hora durante junio, con un incremento del 6,5% frente al año anterior.

Dentro de ese total, el Caribe registró un consumo de 2.160 gigavatios/hora, equivalente al 28% del consumo energético del país. Para Verano, esta cifra revela una realidad compleja: una región que aporta cerca del 14% del PIB nacional y concentra el 45% de los pobres del país demanda, proporcionalmente, mucha más energía para vivir, producir y sostener su actividad económica.

El diagnóstico conecta energía, pobreza, competitividad, turismo e inversión. La región necesita electricidad para hogares, pequeños negocios, hoteles, comercio, servicios, industria y proyectos productivos; pero también requiere que el Gobierno nacional responda con políticas y apoyos acordes con su peso real en el consumo energético.

El Caribe consume 28% de la energía del país

Uno de los datos centrales de la columna es que el Caribe representa el 28% del consumo energético total de Colombia. Esta participación es alta si se compara con su aporte al PIB nacional y con las condiciones sociales de la región.

Para Verano, el alto consumo no debe entenderse como un simple dato técnico. En el Caribe, la energía es una necesidad cotidiana asociada al clima, al funcionamiento de hogares, a la refrigeración, al comercio, a pequeños negocios y al desarrollo de actividades productivas.

Las altas temperaturas hacen que el consumo eléctrico sea más intenso que en otras regiones del país. Ventiladores, aires acondicionados, refrigeración comercial, sistemas de bombeo, hoteles, restaurantes y servicios turísticos elevan la demanda de electricidad en zonas urbanas, rurales y costeras.

Una región con alta demanda y alta vulnerabilidad

El análisis plantea una contradicción estructural: el Caribe consume una proporción elevada de energía, pero también registra una menor participación en la producción económica nacional y mayores niveles de pobreza.

Según Verano, la región alberga el 45% de los pobres del país, lo que exige mirar el consumo energético no solo desde la perspectiva del mercado, sino también desde la equidad territorial.

En hogares vulnerables, la energía eléctrica es esencial para conservar alimentos, estudiar, trabajar, emprender, comunicarse y enfrentar las altas temperaturas. En pequeños negocios, representa un costo determinante para operar neveras, vitrinas, equipos, iluminación, ventilación y procesos básicos de producción.

Energía como condición para el desarrollo

El mensaje de fondo es que el Caribe necesita energía no solo para consumo residencial, sino para impulsar su desarrollo. Sin electricidad confiable y asequible, se reducen las posibilidades de atraer inversión, fortalecer el turismo, ampliar negocios y generar empleo.

La energía es la base de hoteles, restaurantes, centros comerciales, puertos, industrias, agroindustria, sistemas de salud, instituciones educativas y servicios públicos. Si el costo es alto o la infraestructura es insuficiente, la competitividad regional se debilita.

Por eso, el debate energético del Caribe no puede limitarse a tarifas o consumo. Debe incluir generación, redes, proyectos represados, pobreza energética, subsidios, inversión y planificación territorial.

Turismo: motor de divisas para Colombia

La columna también resalta el papel del turismo como actividad estratégica. Verano señala que, de cada US$10 que ingresan a Colombia por concepto de divisas, US$5,7 provienen del turismo.

Además, afirma que al país están entrando cerca de 25 millones de visitantes al año, consolidando esta actividad como una de las de mayor crecimiento en América Latina.

Para el Caribe, esta tendencia representa una oportunidad clara. La región concentra playas, cultura, gastronomía, deportes náuticos, naturaleza, patrimonio, música, eventos y ciudades con vocación turística. Pero para aprovechar ese potencial se requieren energía, infraestructura, seguridad, ordenamiento territorial y servicios de calidad.

Ordenamiento de playas como estrategia turística

Verano destaca que el Atlántico viene trabajando en el ordenamiento de playas como una estrategia para atraer más visitantes. La organización de estos espacios permite mejorar seguridad, calidad ambiental, servicios, experiencia turística y sostenibilidad.

En destinos costeros, el ordenamiento es decisivo. Una playa bien gestionada puede atraer turistas, generar empleo, formalizar actividades, reducir impactos ambientales y mejorar la imagen del territorio.

El reto es lograr que el crecimiento turístico no deteriore los ecosistemas que lo hacen atractivo. Por eso, certificaciones, buenas prácticas ambientales y gestión comunitaria se vuelven elementos clave para competir internacionalmente.

Salinas del Rey recibió Bandera Azul

Uno de los hitos mencionados por el gobernador es el reconocimiento internacional de Bandera Azul (Blue Flag) otorgado a Salinas del Rey, ubicada en el municipio de Juan de Acosta.

Según la columna, el sello fue recibido oficialmente el 2 de diciembre de 2025 y destaca aspectos como calidad del agua, gestión ambiental, seguridad y vocación para la práctica de deportes náuticos.

Este reconocimiento fortalece el posicionamiento turístico del Atlántico y permite proyectar a Salinas del Rey como un destino con estándares internacionales, especialmente para turismo de naturaleza, playa y deportes relacionados con el viento y el mar.

Punta Astilleros, referente rural

La columna también menciona a Punta Astilleros, en el municipio de Piojó, como una playa reconocida internacionalmente en el Ranking Mejores Playas Rurales 2024.

De acuerdo con Verano, esta playa fue destacada por su belleza y ocupó el primer lugar de Colombia en esa categoría.

Este tipo de reconocimientos permite diversificar la oferta turística del Caribe más allá de los destinos tradicionales. Las playas rurales pueden atraer viajeros interesados en naturaleza, tranquilidad, experiencias locales y turismo comunitario.

Turismo y energía están conectados

Aunque energía y turismo pueden parecer sectores distintos, en la práctica están profundamente conectados. Un destino turístico necesita suministro eléctrico confiable para hoteles, restaurantes, alumbrado público, sistemas de agua, refrigeración, transporte, seguridad y servicios digitales.

Si la energía es costosa o inestable, la competitividad turística se afecta. Los establecimientos enfrentan mayores costos operativos, los visitantes perciben menor calidad del servicio y las inversiones pueden retrasarse.

Por eso, fortalecer el turismo Caribe implica también resolver los retos energéticos de la región. La experiencia del turista depende tanto de la playa y la cultura como de la disponibilidad de servicios básicos.

Inversión extranjera directa crece 36%

Otro dato destacado en la columna es que la inversión extranjera directa registró un crecimiento del 36% en el último año, lo que ratifica el interés del mercado internacional en Colombia.

Para Verano, el nuevo Gobierno nacional debe poner énfasis institucional en lograr que esa inversión llegue de manera expedita a potenciar las actividades productivas.

En el Caribe, la inversión puede impulsar turismo, energías renovables, infraestructura, logística, puertos, servicios, industria y proyectos de alto impacto. Pero para materializarla se requiere reducir trámites, mejorar seguridad jurídica y garantizar energía disponible.

Más de 1.000 MW represados por trámites

La columna advierte sobre un cuello de botella crítico: más de 1.000 megavatios en nuevas inversiones energéticas permanecen represados en la región.

Según Verano, estos proyectos representan más de US$800 millones y están atascados por trámites ambientales, licencias, definiciones de cruces y conexiones a redes viales y nacionales.

La cifra es relevante porque muestra que el Caribe no solo demanda energía, sino que también tiene capacidad para aportar nueva potencia al sistema. Sin embargo, esa capacidad no se materializa si los proyectos quedan detenidos en trámites o indefiniciones.

Plan de emergencia para destrabar proyectos eléctricos

Frente a ese panorama, Verano plantea la necesidad urgente de un plan de emergencia para agilizar la tramitación e instalación de la potencia energética represada.

El objetivo sería acelerar licencias, resolver cuellos de botella técnicos, definir cruces, facilitar conexiones y coordinar entidades nacionales, regionales y locales.

Un plan de este tipo podría ayudar a convertir proyectos detenidos en capacidad real para el sistema, generar empleo, atraer inversión y mejorar la confiabilidad energética del Caribe y del país.

Trámites ambientales y licencias: equilibrio necesario

El destrabe de proyectos eléctricos no significa eliminar controles ambientales. Significa lograr que los trámites sean oportunos, claros, técnicos y coordinados, evitando demoras indefinidas que paralicen inversiones estratégicas.

La región necesita proteger ecosistemas, playas, comunidades y recursos naturales, pero también requiere infraestructura energética para sostener su desarrollo.

El reto institucional está en equilibrar sostenibilidad ambiental con seguridad energética, de manera que los proyectos avancen con responsabilidad y sin bloquear oportunidades productivas.

Caribe: potencia energética y turística

El Caribe colombiano tiene condiciones naturales para convertirse en un territorio líder en energía y turismo. Su radiación solar, vientos, ubicación geográfica, costas, puertos y conexión con mercados internacionales lo convierten en una región estratégica.

En energía, puede aportar nueva capacidad renovable y proyectos asociados a transición energética. En turismo, puede consolidar playas, naturaleza, cultura, deportes náuticos, gastronomía y eventos como ejes de crecimiento.

Pero ese potencial necesita decisiones de política pública, infraestructura, inversión privada, formación de talento, seguridad, conectividad y servicios públicos adecuados.

Equidad territorial en la agenda nacional

La columna también plantea una discusión de equidad territorial. Si el Caribe consume una porción tan alta de la energía nacional y enfrenta mayores niveles de pobreza, debería recibir una atención proporcional en políticas energéticas, sociales y productivas.

La región requiere apoyo para reducir brechas, mejorar calidad del servicio, sostener subsidios focalizados, ampliar infraestructura y atraer inversiones que generen empleo formal.

La energía debe verse como una herramienta de desarrollo regional, no solo como un servicio público medido en kilovatios hora.

Hogares y pequeños negocios dependen de la energía

Verano afirma que el Caribe tiene más hogares y pequeños negocios que otras regiones, además de una mayor proporción de pobreza que exige alto consumo energético.

Esta realidad implica que las políticas de energía deben considerar el impacto sobre tenderos, restaurantes, hoteles pequeños, comercios, emprendimientos familiares, hogares vulnerables y actividades informales.

Para muchos de estos usuarios, una factura elevada puede afectar la continuidad del negocio o el bienestar del hogar. Por eso, el costo y la disponibilidad de energía son variables sociales y económicas de primer orden.

Turismo como estrategia de crecimiento futuro

El turismo aparece como una de las apuestas más claras para el crecimiento futuro del Caribe. La región ya cuenta con ventajas naturales y culturales, pero necesita fortalecer infraestructura, promoción, formalización, seguridad, ordenamiento y sostenibilidad.

La obtención de reconocimientos internacionales como Bandera Azul y rankings de playas rurales contribuye a elevar el perfil de los destinos y atraer visitantes con mayores estándares de exigencia.

Si el turismo crece de forma ordenada, puede generar empleo, ingresos locales, emprendimientos, inversión hotelera, servicios de transporte, gastronomía, cultura y protección ambiental.

Datos para diseñar estrategias de desarrollo

El cierre de la columna resume el enfoque de Verano: las cifras obligan a diseñar estrategias de desarrollo que prioricen el consumo energético, el ingreso por turismo, la atracción de capitales y el destrabe de proyectos eléctricos.

Estos cuatro elementos están conectados. La energía permite producir y atender turistas; el turismo genera divisas y empleo; la inversión extranjera puede financiar infraestructura; y los proyectos eléctricos destrabados pueden mejorar confiabilidad y competitividad.

La visión regional plantea que el Caribe no debe ser solo consumidor de energía o destino turístico estacional, sino un actor estratégico en la economía nacional.

Lo que debería priorizar el nuevo Gobierno

A partir del diagnóstico, el nuevo Gobierno nacional debería priorizar una agenda Caribe con enfoque en energía, turismo e inversión. Esto implica agilizar trámites, coordinar licencias, fortalecer redes, apoyar proyectos renovables y garantizar condiciones para que el turismo crezca de manera sostenible.

También será clave mejorar la coordinación entre Nación, departamentos, municipios, autoridades ambientales, operadores de red, inversionistas y comunidades.

Sin esa articulación, el Caribe podría seguir enfrentando la paradoja de tener alto potencial energético y turístico, pero proyectos detenidos y brechas sociales persistentes.

El análisis de Eduardo Verano de la Rosa deja una conclusión clara: el Caribe necesita una estrategia integral que reconozca su peso en el consumo energético nacional, su vulnerabilidad social y su potencial turístico. Con un consumo de 2.160 gigavatios/hora, más de 1.000 MW en inversiones energéticas represadas y destinos que ya reciben reconocimientos internacionales, la región requiere decisiones urgentes para convertir energía, turismo e inversión en desarrollo real.

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